
Cada día me voy dando cuenta que nunca llegará ese día donde deje de alimentarme de ti
El día donde termine de decirlo todo, el día donde mis heridas y mis pasiones mueran.
Cada roce de nuestras almas está deteriorándome, olvido quien soy y recuerdo por que olvido, recuerdo por que los erizos también son un sindrome, también olvido que ese día nunca llegará.
Se van diseñando relatos a la luz de la luna, adornado con cometas, estrellas, incluso de esas intrépidas, con naves espaciales deletreando versos a los momentos inmortales, sacudiendo mis sentidos con lo excepcional de tu voz y perdiendome en la acústica de tus palabras.
Me sigo enredando en las sábanas en honor a tu ausencia comiendo fuego para mantenerme satisfecho, para mantenerme apasionado, y olvidar un poco que sólo soy un capricho y una fuente de ego, olvidar que me sobrepasa y me convierte en una tormenta de palabras poéticas, un terremoto de impulsos incontrolables.
Voy a perder densidad en esta selva de palabras para explicarte que nunca será suficiente, no me abraces, no me beses, no me escuches, no me llames... ya que nunca será suficiente para mi... ya que me hundiré en ti, me convertiré en un adicto una vez más, de lo prohibido, de un manjar de reyes donde yo soy sólo un bufón, un payaso, un tonto.
Aferrado a mis palabras que hablan sobre ti, cautivando los latidos del corazón, que nunca dejará de contarme historias fantásticas, historias ficticias que no saben de irrealidades, que no conocen de dolores, que olvidan de amarguras. Un deshecho me convierto enfrentendo tu sutileza, sutileza que envenena mis sentidos, aromas que guían mis ojos hacia ti, sonidos que tallan tu nombre en mis oídos, incluso mi nombre es parte del olvido.
No quiero parar de redactar ni de apasionarme, no dejaré de desvelarme ni de preguntarte. No quiero asegurarme que no estás, revelarme es un error constante y fallaré en cada intento, no quiero que me critiques ni que derrames lágrimas de alcohol en las heridas, sólo reclamale a tu canto que arrasa con la realidad y me desplaza hasta mis primeras experiencias, cuando aprendía todos los días, cuando me maravillaba de la vida, a cuando por primera vez te dije: "te amo".
