
Quiero conocer Roma, sabiendo que es muy probable que muera en el intento, sabiendo que me aplastaría sobre mi mismo en un intento de conocer su máxima expresión, conocer sus edificaciones, sus cimientos, sus raíces, su futuro, sus propósitos, sus verdades. Roma no existe más que en mis sueños, algo prácticamente imposible para mis precarias posibilidades y capacidades de conseguir cosas gigantes y únicas, como un niño que no alcanza el juguete del estante más alto, como un enfermo terminal que no puede echar el tiempo atrás, como un ganador asumiendo su derrota, como yo pensando conocer Roma. Y es que puede ser tan bello, tan exitante, pero, ¿valdrá tanta la añoración?, ¿serán sólo ilusiones fabricadas por imágenes bombardeadas en mi cabeza, pensamientos manipulados por personas que creen conocer Roma?. Yo no podré saberlo sino hasta el momento en que me encuentre frente ante sus pies, cuando esté abrazando mis motivaciones, cuando esa pared de ilusiones se esfume o se la coma mi sentir, cuando mis latidos aprendan una nueva canción al conocer Roma. Me han contado que supera espectativas, que hace que tus ojos vean el mundo con agradecimiento, que dejas de ser el mismo, pero que a veces te destroza el alma, o te perfora los sentidos y te deja sin aliento, que Roma, Roma no te entiendo. Como será mi poca falta de costumbre al escribir sobre algo que no conozco, mi poca interacción con esta palabra, que durante todo este texto me he confundido y he olvidado que la palabra se escribe al revés "Roma", "amor".